Haga clic en la imagen de abajo para ampliarla

Itzhak

Cuando Itzhak Rabin fue asesinado, yo estaba en Tel-Aviv, delante de mi televisión. Me acuerdo del choque sentido por todos cuando fue alcanzado por las balas. En el momento era difícil de aceptar, y más tarde, en vista de las consecuencias, fue todavía más difícil.

Lo más triste probablemente es llegar a ser el testigo, a lo largo de los años, de cómo se borra, y del olvido progresivo de su herencia.

Como este retrato de Rabin ya medio borrado en el muro de la entrada del ayuntamiento de Tel-Aviv, justo al lado del lugar del asesinato, la memoria y el espíritu de aquellos años lentamente pero irremediablemente se va borrando. Cada año que pasa se añade al olvido. ¿Cuántos años deberán pasar hasta llegar a una total indiferencia?

¿Eso significa que podemos matar la esperanza? No lo creo. El estudio de la Historia nos enseña ciclos por los cuales pasa toda una civilización: encontramos «Edades de Oro», como por ejemplo en la época de la biblioteca de Alejandría o del Renacimiento Europeo, cuando la unión prevalecía sobre la separación y que pueblos de culturas y religiones diferentes eran capaces de vivir juntos en un respeto mutuo. Son épocas donde las Artes, las Ciencias y la Espiritualidad alcanzan una cumbre.

Y hay momentos de oscuridad, «Edades Medias», cuando el egoísmo, la separación y el miedo logran rechazar los valores humanos. En esos momentos la humanidad muestra lo peor, y desgraciadamente, en nuestros días, no vivimos en una época de tolerancia, de inteligencia ni de iluminación.

La Historia nos enseña que la evolución también procede por ciclos. De la misma manera que el día sigue a la noche, y el verano llega después del invierno, la luz sigue a la oscuridad y épocas de ignorancia y de intolerancia alternan con momentos de unión y apertura de consciencia.

Creo en la medicina del tiempo, de la naturaleza y de la evolución. Según una vieja enseñanza oriental, cada año los dirigentes políticos y espirituales de la humanidad son llamados, en una fecha precisa, a irse a un lugar secreto cerca del Himalaya para encontrase allí con el conocido como «Sanat Kumara» – el eterno joven – que les pregunta si la humanidad está por fin preparada. ¿Preparada para qué? Aparentemente para vivir y actuar como unos seres humanos deberían hacerlo.

Su respuesta es invariable: «No, la humanidad todavía no está preparada». Y también invariable es la oportunidad que reciben, un año más… para que podamos cambiar.

La Historia avanza por ciclos, ¿esto significa que a su vez la oscuridad actual se borrará, como el retrato de Rabin? Quizás. Los ciclos no dependen de nosotros, pero lo que depende de nosotros es elegir esperar pasivamente que la rueda gire, o actuar para hacerla girar.

Es en el medio de la oscuridad y no bajo el sol del mediodía cuando la luz de una humilde vela puede hacer una diferencia. Ahora es cuando cuada uno de nosotros, con buena voluntad y eficacia, puede hacer una diferencia.

Si no me equivoco, Rabin también decía: «No digan `el día llegará´ – háganlo llegar». Si esto no se dirige hacia nosotros, ¿a quién entonces?