Una gran tradición de los Juegos Olímpicos es el paso de la antorcha, desde el antiguo Olimpia, en Grecia, hasta el lugar en el que se celebran los juegos. Muchas antorchas serán llevadas por muchos atletas a lo largo del camino, pero la llama es siempre una. La llama que se inició en Olimpia es la misma que iluminará los Juegos Olímpicos al final del recorrido.
¿Importa? Sí, porque el fuego está para ser visto como un símbolo de Unidad y Purificación. Durante los juegos, en la antigua Grecia, se proclamaba una tregua y todos los ciudadanos podían viajar con seguridad a los juegos. Era una «tregua sagrada», alejada de consideraciones políticas de cualquier tipo.
Es necesario renovar este «espíritu olímpico» a mayor escala, y no sólo dentro o alrededor del estadio. La llama es la luz de la conciencia y tiene que pasar de ser humano a ser humano, para que toda la humanidad, como uno, todos los pueblos y naciones juntos, puedan compartir la misma conciencia: Unidad en lugar de separación, conciencia en lugar de ignorancia, y luz en lugar de oscuridad.

